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Mi camino espiritual y lo que viví en Canaima – Parte 1

En uno de los últimos correos, les dije que estaba formándome en una certificación de hábitos, también les conté que el primer conejillo de india con cada formación soy yo.

Así que el proceso comenzó, en esta atribulada Venezuela, que ya venimos recorriéndola en sus crisis y nosotros haciendo lo mejor que podemos para estar bien, enfocados, conectados con nuestro Ser interior y además vivir en medio de tanto caos.

Las meditaciones diarias, los mándalas, mis ejercicios de respiración, mis ratos de cocinar para mi esposo, mi hija y mi yerno, por que dos de mis hijos están fuera, uno en Miami, la otra en España. También amigos que pasan a formar tu familia elegida en la ausencia de los tuyos, todo estos forma parte de mis espacios de placer, de encuentro con lo que está allí, dentro.

Todo esto acompañado de mi amado trabajo, la atención clínica de mis pacientes, dar clases a mis alumnos, escribir, me mantenían en una resiliencia que solapaba una memoria emocional guardada de ver el dolor, sufrimiento de mi gente y mis propias ausencias a quien tanto extraño. 

No hay forma de contar lo que pasa aquí en nuestro país, siempre va ser una historia, sin embargo, hay que estar aquí dentro para sentirse y observar el cóctel de emociones que pasan día a día por nuestro torrente sanguíneo periférico y aun así seguir de pie trabajando desde mi Ser en diferentes planos de existencia y en el aquí y ahora, que es el más complejo ya que el mundo de posibilidades es incuantificable y necesitamos cada día más personas conscientes en su camino de iluminación.

Viendo todo este movimiento, mi esposo y unos amigos y familiares de estrecha fraternidad y amor nuestra, nos pusimos de acuerdo y nos invitaron para Canaima, solo el amor que siento por ellos me sacaron de mi estadio de confort en estos momentos, que no quería salir a ningún lado.

Para los que no son de nuestra tierra El parque Nacional Canaima es el segundo parque nacional más grande de Venezuela y uno de los más famosos del país y del mundo.

Éste bello paraíso encierra regiones únicas del Escudo Guayanés en el Estado Bolívar, en donde yo nací.

En este parque, es donde se encuentran los tepuyes, montañas de cumbres planas, que se presentan majestuosas en el horizonte, y que ofrecen unos ecosistemas realmente únicos, debido al aislamiento que produce su mayor altura con el resto de la sabana.

La palabra «tepuy» significa «montaña» o «morada de los dioses», el origen de este vocablo proviene de la lengua indígena de los Pemón.

En lo más alto de los tepuyes el clima es mucho más frío y húmedo debido a que las nubes se acumulan sobre ellas y producen un microclima especial, relativamente fresco cuando cubiertas, pero de una fuerte insolación cuando están expuestas al sol. Esto hace que su clima sea, en cierto modo, equiparable al de los páramos andinos y con las mismas frecuencias energéticas de portales y ciudades intraterrenas.

Quizás una de las cosas que más resalta en este parque, son sus ríos caudalosos de aguas oscuras y los saltos entre ellos el más alto del planeta nuestro Salto Ángel, que luego hablaremos también de el.

Mi primer día en Canaima

Al llegar el impacto de la majestuosidad de los saltos y su energía tan fuerte y perceptible, no le quedó más remedio a mi alma que rendirse ante aquello sin preguntas… mis lágrimas salían solas sin razón aparente en la inmediatez.

Sabía que había entrado en un proceso de introspección inevitable y además no quería intervenir resistiéndome.

Ese mismo día ya caída la noche, el cielo era un mural de luces infinitas en su negro profundo y me senté a meditar frente al salto, no se veía explícitamente porque estamos en cuarta menguante, pero no hacía falta, en aquel silencio de aves ya dormidas las aguas en sus turbulentas inmensidades imponían su relajante sonido.

La humedad del sitio, el olor a grama mojada, la tumbona está a escasos metros del lago que se forma por el río Carrao, me fue llevando en un proceso de contemplación hasta cerrar mis ojos y entregarme a lo que ocurría.

No era la primera vez que pasaba, pasó muchas veces desde que era niña.

Me fui en estados de consciencia hasta el Roraima donde está una base de sabios y científicos  que trabajan para nuestro planeta, ellos la llaman la nave Mariana, es una nave nodriza, quien la comanda es la que el mundo conoce como la madre de Jesús, María, sigue siendo la madre del mesías, también con frecuencia nos acompaña el Arcángel Miguel, y algunos maestros ascendidos conocidos, todos pertenecemos a la orden  Melquisedec.

Es  recurrente entrar allí y darnos algunas sugerencias para hacer, tenía algún tiempo sin ir, después de pasar por los espacios de limpieza energética que te hacen para poder entrar, me dijeron que tenía un trabajo que realizar pero debía ir al encuentro que había esa noche en una ciudad intraterrena y en fracciones de milésimas de instantes ya estaba en el salto de enfrente del sitio donde estaba meditando, este salto tiene por nombre el hacha, jamás había estado allí antes, así que  una vez parada detrás de la cascada que podía ver y oír de forma estruendosa pero armónica a la vez, se abrió un portal para entrar en la ciudad.

Allí habitan seres de luz, llenos de sapiencia, me recibieron  dándome la bienvenida, me llevaron al interior donde estaban muchos de ellos reunidos, cómo en una asamblea de ancianos y muchos iniciados, seres con alto manejo de la tecnología y grandes científicos,  allí conversaron conmigo y como algo planeado me hablaron de todo lo que pasaba dentro de mí y lo que iba a vivir estos 4 días, que además era necesario, ya que faltaban dos pruebas emocionales para ser superadas de forma consciente, esas dos no me dejaban continuar, como siempre yo estaba atenta a todo lo que escuchaba.

Una vez pasado por las pruebas tenía que escribir y contar lo sucedido, un poco duro para mí, ya que soy muy reservada con mi vida, y mucho menos estos encuentros que han sido tan importantes en mis diferentes formaciones que hicieron de mi lo que ejerzo con tanta pasión, sin embargo, era necesario y lo tenía que hacer sin más, para dar sugerencias en los cambios de hábitos conscientes e integrales en el ser humano.

Y les cuento que yo lo vengo haciendo hace mucho, pero faltaban dos pasos en mi vida importantes muy personales, para continuar. 
Luego empezaron a trabajar en mi anatomía holográfica justo en mi cerebro, en las 12 esferas y cada una de sus subdivisiones,  colocaron 4 cristales puntiagudos con ocho aristas y de color transparente muy brillantes, diamantinos con códigos que no podía leer pero que eran descodificados con facilidad desde mis ocho circuitos cerebrales,  en consonancia de mi cerebelo, glándula pineal y mi neocórtex; también una réplica en el centro de mi pecho, el centro energético o chakra  4, en ese momento me dijeron a partir de hoy solo escucha las señales cuando comiences a subir los ríos verás las réplicas de la información en lo alto de la cumbre.

Yo no entendí nada, así que como siempre, di las gracias y me acompañaron a la salida con mucho amor me despidieron y yo volví a la tumbona donde están acostada meditando.

Yo creí que había pasado como 2 o más horas en ese proceso y cuando volví solo habían transcurrido unos cuantos minutos, quizás unos 15 o 20 no más de allí.

Fueron cuatro días de los cuales les iré contando poco a poco, en los siguientes correos.

Gracias por formar parte de mi y de nuestro centro.

Desde mi amor, 
Gilmer Pinto.

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