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Mi camino espiritual y lo que viví en Canaima – Parte 2

Día 2…

La noche anterior nos habían dado las instrucciones necesarias para el recorrido hacia el Salto Ángel, hora de salida, lo que debíamos llevar y más o menos como era el recorrido, que desde mi perspectiva era intenso y de una fuerte exigencia física, para nadie es un secreto mi mal hábito de no hacer ejercicios, siempre he colocado como excusas mis rodillas, tengo los ligamentos estirados desde la adolescencia y con frecuencia se salían de sus espacios mis rótulas, con el tiempo y el trabajo de sanación dejaron de salirse.

Nos levantamos a las 4 de la mañana, nos tomamos mi esposo y yo un té negro con leche y partimos a nuestro recorrido, íbamos geniales, con entusiasmo y de muy buen humor, después de recorrer el campamento indígena llegamos al puerto donde salen las curiaras (embarcaciones de remo, elaboradas por lo general de madera de forma prolongada).

Al embarcarnos, cierro mis ojos e inmediatamente, pronuncio las palabras que mi maestro espiritual me enseñó para todo lo que comience a hacer y pedir permiso para entrar en territorios naturales y nos reciban sin sentirse invadidos por nosotros los humanos, así que las dije y me conecte con el inmenso río Carrao y desde la plena consciencia me hice una con la frecuencia de esa inmensidad y con las   ondinas. 

Les hablaba…me entrego a su cuido y purificación para llegar a una de las maravillas de Dios para mi tierra, uno de los santuarios por ser un vórtice importante para nuestro planeta.

Como  estoy consciente que el  agua es el elemento de la curación del cuerpo emocional  y tiene grabada la información del amor incondicional, como su conductor magnánimo, pues si toda esa infoenergía esta grabada en modelos infinitos comprimidos de alguna manera en un espacio finito todo el universo, el mundo, este espacio y yo vibramos idénticamente que toda esta agua, además ella tiene memoria y consciencia, por lo tanto retiene esas vibraciones de su entorno y las ondinas son sus hadas elementales que  honran y cuidan de ellas, de su elemento.

Nos llevaban unos guías atentos, por encima de la ropa se les ve que les apasiona su trabajo, son amables, cuidadosos con las normas y la prudencia, los que manejaban las curiaras son indígenas de la etnia pemon, y nos anuncian: El equipo está listo para llevarlos río arriba hasta Mayupa. En este trayecto los escoltarán las mesetas de tepuy Kurawaina, Kusari y Parakaupa, sublimes acompañantes que les brinda la madre naturaleza.

En la sabana de Mayupa realizaremos una corta caminata de aproximadamente 30 minutos, ya que no está permitido el paso de las curiaras con los pasajeros por los rápidos que se forman en invierno en ese paso.  Nos anuncian los guías, ¡Pues eran los rápidos!

Atravesamos literalmente de un extremo a otro la Sabana de Mayupa, íbamos tranquilos con la euforia contenida, era el primer tramo, caminando cada uno, a su ritmo, conversando de la belleza natural, compartiendo fotos, como siempre de la mano y compañía de mi amor, mi esposo.

Al llegar ya estaban nuestras curiaras esperando por nosotros al otro lado de Mayupa. Nos embarcamos y nos cambian de curiara para estar más cómodos con las piernas mi esposo y yo, al cambiarnos sentí molestia, ya no iba a compartir el trayecto con quien quería y por los motivos que me había movido de mi casa, casi arrastras, por no estar de ánimo en esos días.

Estando sentada y a punto de arrancar el viaje, me pregunté ¿porqué estas molesta?

Si tu pediste comodidad, pero no que me cambiaran de lugar, me respondí, sin los míos; y sentí que me movilizó verme fuera de mi estado de confort, mi hija y mi yerno y algunos afectos importantes estaban en la curiara donde venia.

Inmediatamente empezamos a navegar río arriba, y nos encontramos con los primeros rápidos que estaban más o menos a un metro de altura del río, yo solo he navegado los ríos Caroní y Orinoco con mi esposo, que es excelente piloto de lanchas y he pasado por rápidos imponentes, como los raudales del río Orinoco en una travesía del rally de nuestros ríos son navegable, hacía mucho tiempo de ello.

Al ver aquella turbulencia de agua sentí miedo, sin embargo, me entregue una vez más a la experiencia, pues ya estaba allí, al ver la pericia de aquellos indígenas maniobrando entre el motorista y el que guía la parte delantera de la curiara, me relaje tanto que me olvide de lo que venia.

Comenzamos a disfrutar de los contrastes de colores: el rojo y el negro del río, el azul del cielo acompañado del blanco de las nubes, el verde del fondo y los tonos tierra de la arena de la playa, los tepuyes cada vez estaban más cerca de mi, en ese deleite de una manera y sin razones aparentes,  comencé a sentir una tristeza inmensa.

En la medida que navegábamos se intensificaba mi mirada hacia mi interior y como observador me iba haciendo una con aquel todo, afloro una rabia profunda.

No me había dado cuenta que estaba alojada en mi inconsciente, mi esposo me miraba y trataba de hacerme reír, pero como le explicaba lo que estaba pasando, ni yo misma sabia descifrarlo en ese instante. Me tomo dos fotos y cuando me enseño mi rostro estaba tan coherente con lo que sentía que no me quedo más que asentir.

Así que me dejé ser mi rabia, cada célula de mi, se dió el permiso de descodificar la información que quería mostrarme ese instante de comunión conmigo, y pude ver mis duelos por las diferentes causas, el dolor que me causan, mi estadio de confort y las muchas veces de no querer salir de allí, para protegerme, mantener mi enfoque y centro emocional, en este momento en mi Venezuela el que se desenfoca de su intención pierde.

Pude ver también el no querer doblegarme ante lo vivido en mi país, pensaba la libertad es un derecho, es mi derecho; vi mi irreverencia ante lo que no quiero vivir, el hambre, la muerte, que sufren los venezolanos, los que están dentro y esa diáspora de cual muchos seres amados forman parte, recorrí a mis pacientes, los que están y los que trascendieron, las causas injustas, por la cual se fueron. 

Sentí el gran vacío de la lejanía de mis hermanos, mis sobrinos, mis padres, mi madre amada recién recuperándose de un cáncer, gracias a la intervención de amor de mi hermana y mi cuñado, vi a mis hijos, mis amigos del alma que me han acompañado, ya ninguno esta aquí, cada uno buscó experiencias de vida que le permitieran seguir creciendo y evolucionando, cada uno a su manera y forma de pensar.

Fue un darme cuenta, de mi proceso de estar en contacto alerta con la situación más importante en el que ese campo morfogenético de aquel ambiente me estaba brindando, con un total apoyo sensorio motor, emocional, cognitivo, energético y espiritual de todo mi Ser entregado, me rendí ante mis polaridades.  

Cuánto tiempo tenia en una resiliencia justificada para mantenerme en medio del caos, pensaba…

No quería cambiar ese momento, sentía plena responsabilidad de amor con lo estaba sintiendo, percibiendo, pensando, no deje que ninguna justificación intentara entrar para juzgarme, lo que como mi observador estaba para mi en aquella mañana.

Nos paramos a desayunar, quizás eran entre las 10:00 y 10:30 de la mañana, en un sitio hermoso, vacío por la falta de turistas en mi bello país, por un momento vi lo que fue, me mostraban en primera fila lo que no quería ver, respiré, vi lo hermoso que rodeaba ese sitio, bosques, olores, flores autóctonas… sus recuerdos impregnados en cada imagen de esas memorias guardadas del lugar. 

Al ver todo aquello se me viene una conversación con el Chaman que estaba en la posada, que no era conmigo exactamente, pero estaba lo bastante cerca para escuchar y cuando escucho algo donde no estoy directamente involucrada, pongo atención, aunque no entienda en el momento, se que es para mi,  es una señal que tengo que descifrar, así que llegó como flash  lo escuchado, que no sé, si literalmente es así, como se los voy a contar.

El chaman explicaba que,  el Río Carrao en pemon significaba El Que Todo Lo Destruye.

Fue un momento de alumbramiento divino, aquel caudal se había prestado junto a sus elementales para  servirme de portal de consciencia y trasmutación de las frecuencias, que no debía llevar para aquel santuario.  

Al terminar nos fuimos nuevamente con nuestros guías, dándonos instrucciones y preparándonos para el próximo tramo, ¨continuando por los rápidos de Aonda entraremos por el Río Churún en donde pasarán por innumerables rápidos, acompañados siempre por el majestuoso Auyantepuy.

Mágicamente cuando tomamos el desvío hacia el río Churún, hubo un cambio de frecuencia, estaban a los lados  millones de años de información como murallas que me arropaban, el trayecto cada vez más nos acercaba al Auyantepuy, era grandioso, la calma llego sin explicación, era comprenderme con respeto hacia mi, todo lo que me deje ser desde mis diferentes cuerpos: el emocional, espiritual, bilógico y energético, era como una iniciación en un tiempo y espacio diferente al que estaba en este presente continuo.

Asi que mientras subíamos aquel río, nuestros ojos brillaban de tanta belleza.

De ver cuantas películas se habían inspirado en aquel paradisiaco escenario, de repente mi esposo me dice mira aquellas 4 rocas en la cumbre del tepuy que tienes enfrente, y recordé lo que los maestros me habían dicho la noche anterior ¨ a partir de hoy solo escucha las señales cuando comiences a subir los ríos verás las réplicas de la información en lo alto de la cumbre¨.  Y en voz alta le pregunto al guía que son esos tótems que están en la planicie de ese tepuy, era uno de los más altos, y él me responde los cuatro dioses que resguardan el Auyantepuy, eso dicen los lugareños.

Sentí como los cristales instalados el día anterior se hacían uno con aquellos tótems y comenzaron a mostrarme códigos, con figuras, colores e iban guardándose en ellos y de forma fractálica iban tomando lugar en todas las dimensiones que existo, fue como una película en 4D. 

Realmente el viaje a través del río Churún es indescriptible, su belleza es un lienzo natural, se parecía a todo lo que estaba pasando en mí en ese instante, lleno de colores, sonidos, figuras geométricas fractálicas.

El río caracoleaba entre los tepuyes, muy parecido al recorrido de río Apure cuando es invierno, el agua es indomable en los llanos en esa época, así que teníamos muchas veces de frente al impresionante Auyantepuy, quien nos brindaba docenas de cascadas y caídas de agua que se evaporizan por la altura desde donde caen, en el invierno es impresionante la cantidad de agua que emerge de aquel gran cañón.

Por fin llegamos casi 4 horas después, a isla de ratón.

Desembarcamos y dejamos parte de nuestro equipaje en un campamento situado al pie de la montaña, tomamos cafecito bien caliente, que nos tenían ya preparados otros pemones risueños y muy cordiales que también son parte del equipo, teníamos frío, por el viento y el agua que entraba en la curiara.


Nos volvemos a montar para cruzar al frente con las curiaras, el río allí tenía mucha corriente.


Estábamos listos para empezar a subir, al entrar al bosque ya había otra frecuencia, era como un portal dimensional, casi tangible para todo el mundo, aunque cada uno lo interpreto desde sus creencias.


Hice consciencia de la ascensión que nos tocaba, vuelvo a pedir permiso, y le pido a la tierra y a cada árbol que nos cuiden, que me oxigenen cada parte de mí, para llegar hasta arriba, comienzo a contemplar de frente al objeto de unos de mis mayores retos físicos y la alegría de saber que sin duda iba a llegar, al gran Churún Merú.


La subida es fuerte, tiene 6.50 Kilómetros hacia arriba dividida en tres tramos, el último es empinado, pero tiene la mejor de todas las recompensas, me decía en mi interior, el saber que iba a contemplar la caída de agua más alta del mundo, uno de los sitios más antiguos del planeta, era mi mayor premio. 

Pensé que era eso solamente


Comienza la subida, me dan un palo de madera para apoyarme y así tener más seguridad en mis piernas, iba despacio a mi ritmo, sintiendo el recorrido, la frecuencia de cada árbol, raíz, piedra, me guiaba, recordé a mis maestros de Reiki, a Uta y Cerbulo, a mi Maestro del naturismo el Dr. Keshava Bhat, a mi gran maestro espiritual, desde día anterior ya estaba conmigo, Jorge Maurer a las diferentes iniciaciones que he tenido, en La Gran Sabana, en un salto que se encuentra después de la conocida quebrada de Pacheco por los turistas y Arapan Merú por los indígenas, en el ultimo tepuy el Abismo que queda en la aldea de el Paují, espacio que amo por su gente y experiencias vividas allí,  en Chichen Itzá en México, en playa del Carmen en Cancún con Marla y su enseñanzas filosóficas, en Ollaytantambo parte del valle sagrado de los Incas en cusco, en Machupichu en Perú, En el valle de Elqui  en Chile.


Ninguna iniciación es algo más, yo como maestra en Reiki se lo que representan esos momentos de tanta sacralidad, sin embargo, ese día además de todo aquello, era literalmente fusionar dos mundos y hacerlo uno con el todo, una vez más, era vencer una creencia que me había limitado toda la vida.


Mientras mi esposo, mi hija mi yerno, y un hermano del alma, de esos que la vida te regala junto al guía que nos acompañaba, seguíamos con nuestra travesía, éramos dos grupos, uno que iba de prisa, a su ritmo y nosotros.


El camino cada vez era más difícil, había que atravesar riachuelos, pasar por debajo y por encima de troncos, caminar entre raíces, estar pendiente de las trillas de hojas secas para no pisar en falso, de las piedras llenas de moho, eran muy resbaladizas.


Mientras transcurría todo esto yo iba en la mayor práctica de Mindfulness, esta era mi gran maestría, aquí realmente me sentí coherente con la certificación de maestría en la materia, que había cursado hacia un año atrás, esto fue la mayor de mis prácticas.


Centrada en mi respiración, los latidos de mi corazón, era mi aquí y ahora único a nivel biológico, hace 12 años murió de un infarto mi amiga Franca Serino, era como una hermana para mi, psicólogo de nuestro centro, compañera de este camino espiritual,  desde el día que recibí la noticia, el dolor fue tan grande que a los 8 días me diagnosticaron una arritmia cardíaca, que gracias a Dios está controlada, por esa razón iba en consonancia con mi sistema cardíaco, todo iba funcionando bien.


Por un instante me distraje, y me pico una avispa un dedo, y mi maestro que venía acompañándome me dijo, eso pasa en la vida, cuando pierdes el foco, ve en este recorrido  tu vida, este era una de tus creencias más limitantes, tu corazón está bien, sin embargo en el último tramo sentí que el ritmo cardíaco, subió tanto que comencé a marearme y perder el foco visual, mi hija que viene de tras me pregunta, ¿mami te sientes mal?

Y yo le respondo no hija voy bien, pero era una subida empinada y de escalones con una altura interesante, mis piernas son cortas, pero al llegar arriba mi esposo se da cuenta y el guía nos dice causalmente para detenernos, les dije denme un momento y me senté a respirar y hablar con mi corazón, inmediatamente comenzó a bajar la frecuencia, y continuamos, ya se escuchaba el ruido de la caída de agua, y se  comenzaba a vislumbrar una grieta de luz en aquella montaña boscosa y húmeda.


Faltaba poco, mi esposo venía atento pendiente de él y de mi, cuando por fin llegamos una hora después, el guía me dice te tengo un regalo, y me para en el mirador que sobre sale un ala de piedra, y se me aparece la inmensidad de aquella caída de agua, no tenia palabras, me puse llorar, era un momento donde todo aquello era yo y viceversa, era haber llegado, era haber vencido mis limitaciones físicas, era sentir cada memoria, de aquel gran campo de información y de repente sentí los brazos cálidos del abrazo de mi esposo, uniéndose con la misma alegría y amor a ese momento muy mío, susurrándome al oído, lo lograste mi amor. 


Y yo le respondí si, pero no era solo el reto físico, es esto, es la sacralidad de esta inmensidad inigualable…


Luego nos sentamos en el mirador más grande con mi hija y yo me senté a meditar, empecé en contemplación, el salto se había nublado en ese instante y los maestros me conectaron mi centro energético con las frecuencias del arcoíris que se hace con la caída del gran salto y los reflejos del sol, son dos millones de años de información escuchaba que me decían déjate ser esta infoenergía.


Seguían hablándome, la historia tiene que conocerse, la nueva humanidad tiene que venir con una gesta de valores  desde la consciencia emocional.

Piedra filosofal para integrar a la humanidad, no se trata de ser iguales desde la conveniencia e interpretación de los que escriben el entre lineado para el mundo, es educarlos con consciencia y hacerlos críticos de su propia existencia, con capacidad de discernimiento y el fin último es que  entiendan que la realidades son una ilusión que solo cambia con la sinergia del entendimiento de la razón y la coherencia cardiaca, la convergencia entre la ciencia, el avance tecnológico y la espiritualidad.

Que no es solo teoría, es práctica real y pura para poder rescribir su propia historia, para eso tienen el libre albedrío, llegó su momento de dejar responsablemente improntas diferentes a sus congéneres.


Solo escucho, respiro, asiento y les contesto, eso es lo que he hecho durante mis últimos 20 años: si solo era el inicio, tus propias pruebas de vocación al ser humano, no elegiste ninguna de tus dos ramas familiares al azar, recuerdas que Dios no juega a los dados,  el crecer desde tus 13 años con consciencia, y dejar tus dones abiertos desde niña, era parte de tu propia evolución, todo lo anterior te entregó los momentos mas duros emocionales, los mas gratificantes y aleccionadores, justo por lo que aprendiste e integraste estás hoy aquí.

Fue un momento divino, pletórico.


Abro mis ojos y Dani me dice mami, mientras meditabas se abrió completamente el salto se pudo ver desde la caída de arriba, así lo vi mientras tenía mis ojos cerrados, me traje su fuerza, sus años, solo un poco de aquella inmensurable sabiduría, era como si no hubiese más nadie, y luego de 45 minutos empezamos a bajar, de nuevo, 6.50 Kilómetros hacia abajo. 


Fue más rápido el descenso, a mi esposo se le hizo interminable, quizás la química de mi cuerpo de tanto placer no me hizo sentir el cansancio, hasta el final, cuando llegamos y mi esposo me dice, ven metete en el río para que se te pase el calor y el cansancio, el buscó un espacio rodeado de piedras cerca de él y allí me senté, calmó el calor, los músculos se relajaron y el cuerpo se reseteo por completo.


Ahora teníamos una hora para almorzar, compartir con los que habíamos ido, hablar de aquella experiencia individual para cada uno, brindamos, tomamos fotos, fue hermosa la compartida de ese rato.


Llego la hora de partir 4 horas de vuelta, bajo un palo de agua fortísimo, viento y frío, hasta llegar a Mayupa, allí uno de los señores que nos acompañaba le dice al guía que nos llevé por los rápidos, ya él lo había experimentado, además no queríamos caminar más  y el guía  inmediatamente dijo que no, pero después hablo con el motorista y el dio el permiso, creo que se concientizo de nuestro agotamiento y nos fuimos a esa aventura, fue genial, vencer otro de mis miedos, estar en caídas rápidas de agua y además con lluvia, olas de casi un metro , y nuestra curiara por encima de las crestas dejando su estela, era pura adrenalina, me gusto, lo disfrute. 


Llegamos al otro lado y recogimos a los caminantes.


Agua abajo, llegamos al hotel a las 7 de la noche, cansados, deslumbrados y llenos de una experiencia inolvidable, por lo menos para mí. Nos recibieron con chocolate caliente, panecillos, dulces, té, ceviche, un casabe tostado que sabía a gloria y unos anfitriones inolvidables, calurosos, nos hacían sentir en casa.


Una vez que cenamos y nos acostamos a dormir, me dije una vez más me quedan dos días me entrego a tus manos como siempre, para culminar este recorrido de amor.


El tercer día, fue muy duro, pero eso se los hago llegar en la próxima entrega…

Desde mi amor

Gilmer Pinto


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