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Madre, la primera nutricionista

 

Por Adriana Zerpa

 

El primer vínculo afectivo (y el más importante) que una persona establece, es con su madre y se da desde el mismo momento de la concepción; la madre siempre será ese punto de referencia. Ese vínculo puede reflejarse en una vida positiva y llena de sentido o todo lo contrario. Cuando el vínculo es insano genera adultos incapaces de desarrollarse.

 

Nuestras madres pueden ser nuestra primera experiencia de amor, pero dependiendo de cómo se dé ese vínculo, pueden convertirnos en personas más ansiosas, necesitadas, irascibles o depresivas; características que nos impactan en todos los aspectos de la vida. La relación madre-hijo tiene muchas aristas, en este post nos enfocaremos en lo relacionado con los hábitos alimenticios.

 

EL Dr. Bruce Lipton, biólogo celular, explica que la mente consciente aprende con leer un libro, mirando tv, o escuchando una presentación, porque así es como la mente consciente crea conocimientos. La mente subconsciente es una mente de hábitos, aprende por repetición, haciendo las cosas una y otra, y otra y otra vez hasta aprenderlo. Y este aprendizaje ocurre constantemente, desde que estamos en el vientre materno.

 

La alimentación de la madre durante el embarazo condiciona el desarrollo pancreático, el estatus hormonal del feto y la concentración de biomarcadores al nacimiento de diabetes mellitus y síndrome metabólico. Al final de la gestación tienen lugar “ajustes” para permitir la transición desde el seno materno a la lactancia pasando por el parto. Es una situación que implica en la madre cambios en la concentración de sustratos (p.e. lípidos plasmáticos, glucosa) cambios en la concentración hormonal (insulina, progesterona, prolactina) y en donde es destacable cierto grado de resistencia a la insulina.

 

Esta situación deriva de la importancia de asegurar glucosa al cerebro materno y al feto y de dirigir glucosa a la glándula mamaria reduciendo la utilización de glucosa por otros territorios maternos. Sin embargo, cuando la homeostasis de la glucosa en gestación no es fisiológicamente correcta, pueden sobrevenir cambios, que en muchos casos atañen de forma grave al desarrollo del feto y lo predisponen a diabetes en la edad adulta.

 

La mayoría puede recordar a su mamá asociada a la cocina. Cuando eras niño, todo lo que comías estaba dirigido por ella. Una labor que probablemente ejercía con amor y dedicación, pero casi siempre sin estudios de cocina, ni de dietética, ni de nutrición.

 

Una madre que come saludable es un ejemplo a seguir para sus propios hijos y su pareja

 

En cambio, los patrones de conducta alimentaria de una madre obesa quedarán grabados en la mente de sus hijos, en las costumbres y en los gustos más fuertemente arraigados, teniendo el doble de posibilidades de desarrollar obesidad y otras enfermedades graves que los hijos de una mujer sana.

 

De allí que es esencial crear hábitos saludables, repetirlos una y otra y otra vez, para que queden grabados tanto en tu mente subconsciente, como en la de tu familia, porque estos son los que traen BUENA SALUD. Para lograr esto, es necesario que ahora como adult@, revises cuales son tus creencias alrededor de la comida, de quién las aprendiste y para qué sigues repitiéndolas.

 

Aquí te presentamos estas consideraciones que encontramos en el blog de Julio Bevione, para hacer conscientes algunos de los hábitos más nocivos asociados a la comida:

 

  1. Tratamos de guardar, disimular o cubrir nuestros miedos con comida, sobre todo el miedo a ser nosotros mismos.
  2. El primer paso es aceptar que el problema no está en el nivel del cuerpo, de la alimentación, sino en un nivel menos perceptible, el de nuestra mente y nuestro espíritu. Son razones emocionales y psicológicas que están escondidas detrás de nuestra urgencia por llegar a la nevera y sentir el gusto de nuestra comida favorita, o la que tengamos a mano. Buscando sentir algo más fuerte que el miedo que no queremos experimentar, quizás porque ni siquiera lo conocemos.
  3. El cuerpo es neutral, es solo un efecto. No solo en lo que comemos, sino de la relación que tenemos con nosotros mismos. El cuerpo sostiene miedo o deja fluir amor. Y entenderlo nos llevará a ocuparnos de lo que realmente hará que nuestro cuerpo nos encante, tanto como nos encantamos de ser nosotros mismos. Darnos cuenta que el cuerpo es el efecto, no la causa, esa es la idea. Y sobre la verdadera causa es que debemos trabajar.
  4. Desde que, en algún punto, nos desconectamos del amor, comenzamos a sentir miedo. Y, sin saberlo, buscamos otra vez la experiencia del amor… pero a través de la comida. Buscamos algo que creemos que podemos controlar. Desde ese momento, hemos buscado lo que necesitamos, pero en un camino que no nos lleva hacia la solución. Le terminamos pidiendo a la comida y al cuerpo, lo que solo el amor puede darnos.
  5. En este punto, estamos presos de una historia que no logrará satisfacción ni siquiera cuando estemos delgados, porque al alcanzar el peso que nos proponemos, tememos perderlo. Y, si no lo perdemos, vivimos en sacrifico, martirizándonos cada vez que un plato de comida se cruza frente a nosotros, comiendo lo que no tenemos ganas, siendo víctimas en cada fiesta donde haya comida… y perdiendo la paz, para seguir ganando peso.

 

Una vez que revisas tu relación con la comida, puedes hacer pequeños cambios para mejorar tu salud y por consiguiente, la salud de tu familia que ahora depende de ti como su primera nutricionista.

 

La formación de hábitos alimenticios y estilos de vida saludables es un proceso interactivo, que involucra el ambiente humano y físico que rodea el momento de las comidas y la práctica de los hábitos saludables. Es más fácil consolidar los hábitos saludables de manera temprana, antes que los niños y las niñas adquieran comportamientos negativos, ya que cambiar los conocimientos, las actitudes, valores y patrones de comportamiento inadecuados toma mucho más tiempo y exige también un orden o estrategia metódica, si se quiere alcanzar resultados positivos. Es importante que los niños y las niñas vivan experiencias que les permitan avanzar en la consolidación de hábitos saludables, por ejemplo:

 

  • Motivarles y explicarles en su lenguaje los pasos a seguir para practicar los hábitos, haciendo énfasis en los beneficios que éstos brindan a la salud y bienestar integral.
  • Sensibilizar a los niños y las niñas en cuanto a la importancia de tomar decisiones oportunas en relación al cuidado responsable de su salud y los efectos que estas pueden producir.
  • Intercambiar opiniones, escuchar sus preguntas, sugerencias, agrado o aceptación, ya que los niños y las niñas pueden actuar como comunicadores, proporcionando a los padres y a la familia nueva información que mejore sus condiciones de vida.
  •  Mostrar de manera práctica las indicaciones de los pasos a seguir durante la rutina diaria para formar hábitos saludables.
  • Los niños y las niñas comprenden mejor mirando el cómo hacer, que simplemente escuchando. Es importante que el adulto les enseñe mediante el modelaje permanente, la ejecución del hábito en vivo.

 

Para grabar hábitos saludables, lleva de 6 a 12 meses. Para que estos hábitos sean automáticos tienen que grabarse en tu cerebro y el de tu familia. Es posible lograrlo, solo necesitas tiempo, repetición y motivación.

 

Con hábitos saludables, criarás humanos saludables, que a su vez crearán las sociedades saludables del futuro.

 

 

 

 

Fuentes:

Nutrición Hospitalaria. Departamento de Nutrición y Bromatología I (Nutrición). Facultad de Farmacia. Universidad Complutense de Madrid. Madrid. España. 2 Servicio de Laboratorio. Hospital de Mérida. Mérida. Badajoz. Extremadura. España.

unicef.org/venezuela

esperanzaparalafamilia.com

Biodecodificación.

 

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